Cortázar en "Rayuela"
Transito tu piel blanca
sembrada de minerales.
En tu costado hallo el abrigo
a mis huesos,
a la piel arrancada en gajos
por los rapaces
Contenida el agua que soy
en tu dulce cuenco de madera roja.
En un breve espacio,
entre tu brazo cóncavo y tu flanco,
quedo.
Remanso del agua mía
donde se funden tus sales.
Somos uno
sabiéndonos otros.
Dejamos partes de nosotros
en todas partes.
Entonces vuelvo.
A nutrirme.
A hundir mis transidas raíces
en tu tierra blanda.
Para salvarme.