He caído en un estado de mutismo que se traslada a la palabra escrita desde aquel día. El río abrió su inmensa boca para tragarse a los que amo.
Lucharon. Las burbujas se soltaron de sus bocas, los ojos abiertos pero ciegos, el grito obturado.
Abajo no es el día, una verde noche marrón, amarilla, los acogía.
Me aterra pensar en el silencio que hubiera abarcado mi existencia y el eco intermitente del pensamiento:... -"¿cómo sigo?"
Esta vez ganó la vida.
Tres personas que los seguían atentas los sacaron.
Pero la muerte dejó su signo para que lo vea. Dijo muy claro que lo peor no ha sucedido, que no pierda de vista lo que me ha sido dado.
Horas más tarde mi hijo menor se acercaba a mí con algo entre las manos, lo había encontrado en la arena.
Me preguntó qué era eso que cada vez que se le caía se rompía.
-Es un niño Jesús, de cerámica, le dije sin reparar en la gramática- El del pesebre, esta noche pasan los reyes, hay que preparar los zapatos, el pasto y el agua, concluí temblando y con los ojos húmedos.
Quién sabe si ya no habíamos recibido su regalo.
4 comentarios:
Uno siente que va a ahogarse. De verdad.
Después de todo eso fue dificil hablar, cuando la realidad golpea de ese modo no se hallan las palabras.
Gracias Amanda por pasar y detenerte.
Un abrazo enorme.
he sentido que es una experiencia por la qual ya he pasado. Estoy casi seguro de haber reconocido los mismos colores.
Ti Voglio Tanto Bene ...
Negrito... qué gusto encontrarte por acá!
Sí, como dice Amanda... "La muerte llega en un barco puntual /uno ve su presencia a destiempo" pero no me explico por qué a veces te roza y se va...
Bueno, pasaré por tu blog...
Un abrazo
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