He sentido el hálito del hastío
otra vez.
No te diré que puedo encontrarme debajo de las fresias
o detrás del monte de acacias,
nadie mira más allá de semejante belleza.
Quizá esté en las aguas subterráneas, fecundas,
dejándome correr,
alejándome
de los pantanos.
Esperando encontrar la dulzura de los peces cuando llegue a los mares;
la verdad de los niños,
su palabra cristalina,
como la de los viajeros que se miran hacia adentro.
Necesitaré el faro,
saber dónde estoy,
dónde está la playa,
para encontrarte
cuando sea la hora.
Dejarte el último beso
en la arena,
debajo de las caracolas,
para que no lo halles
ni adivines mi destino.
Seguiré mi curso
y volveré al río,
besaré los pies de los que amo.
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