Cerraba, al fin, ese balance que le hizo perder las últimas gotas del sol de abril.
Cruzó la gran avenida. Tuvo que ser rápido, los viernes hay menos paciencia que otros días.
Pasaría por la joyería, mañana es su aniversario. Pensó en ella todo el día. El tiempo... la vida, los había transformado, pero no juzgaría. Sólo tiene el propósito de pasar un buen día. El deseo de transcurrir sus años tranquilo, despertar bajo el techo que supo ganar y sobre todo verla a su lado. El silencio era menos silencio con ella.
En ocaciones sus palabras eran demasiado domésticas, femeninas, pero impropias para sostener ese mundo inventado. Era entonces cuando prefería su indiferencia. Estar, permanecer en el mismo sitio, pero ser en lugares diferentes, el que cada uno construyera, eso no importaba.
Planeó comprar esa joya y dársela, sólo dársela. Ella, en su mirada podría comprender lo que él no podía decir.
Retiró el obsequio, lo guardó en su bolsillo derecho mientras imaginaba la expresión de su rostro cuando se lo entregara.
Llegó a la casa. Ella abrió la puerta. Allí estaba, bellísima. La luz del farol se hacía trizas sobre su hombro canela. Su boca... ve que su boca se mueve dejando volar las palabras. Hizo un esfuerzo para salir del estupor. Su boca... aún confuso, pudo oir lo que decía: - Tarde! Otra vez tarde!
Le dió la espalda abruptamente y entró. Dejó su perfume suspendido en partículas cortantes.
A él, los brazos le pesaron. Un frío denso reptó por todo su cuerpo hasta quitarle el aliento. Sintió que la realidad lo jalaba con fuerza de los zapatos adhiriéndolo al suelo.
2 comentarios:
muy buen aniversario, no podía ser de otra manera
Apareció, por fin !!!
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